Me estoy tomando pastillas de Bayer (y no son Aspirinas)

Para no equivocarme demasiado, me las empecé a tomar el primer día de otoño. Sé que quiero jugar a esto durante un año. No sé si lo haré. Puede que me caiga, o que me arrepienta. Puede que lo critiquen y se rían de mí. No creo que me lo prohíban. Quizás intenten destruir mi juguete como cuando yo tenía 5 años. Tenía unas fotos ingenuas en blanco y sepia con modelos de pasarela a las que yo llamaba, cariñosamente, “las cutres”. Alguien las rompió delante mío. Esa vez me hicieron llorar. Casi cuarenta años más tarde, puede que alguien quiera volver a hacerme llorar, sobre todo ahora. No, no estoy más sensible ni menos fuerte. Clinicamente hablando, estoy haciendo un “tratamiento hormonal feminizante”. Socialmente hablando, es una “transición de género”. Hablando yo, he decidido escuchar, por fin, la razón de mi cuerpo.

¿Por qué una razón? Quizás no haga falta tener una razón para transitar de género o, como se dice todavía, para cambiar de sexo; no de momento. La razón la voy buscando yo mientras. Llevo años preguntándome si de verdad existe el género o si con tanto querer estar a la última nos hemos quedado atrás, pensando como arbustos, hablando antiguo. No compadezco las personas que solo buscan estar a la última, producir, hacer fitness y pasarlo bien; que cada cual busque lo que pueda. Yo solo puedo buscarme a mí.

La vida se me aparece como un laberinto con varios juegos a lo largo del itinerario. Hay opciones que bloquean alternativas y hay opciones que las amplifican. Nadie sabe cómo va a terminar la cosa. Yo, por supuesto, tampoco lo sé. Supe cómo empezarlo, con acetato de ciproterona y valerato de estradiol; y conozco algunas de sus consecuencias: disminución o pérdida de la líbido, piel seca, cambios de humor, redistribución de la grasa corporal, desarrollo mamario, pérdida de erecciones espontáneas. Éstos no son efectos secundarios, o no son, en todo caso, los que me preocupan. Me preocupa y me estimula lo imprevisible, las miradas, el verme yo, otra vez la fase del espejo, o algo por el estilo. Las reglas me las voy poniendo en función de lo que ocurra. Por ejemplo, regla número 3: solo abrirás el juego cuando alcances velocidad de crucero: la dosis máxima.

Me pican las piernas. Todos los calcetines me aprietan. Me cambio de ropa a menudo. No hay escenarios predeterminados. Solo procesos premeditados. Tengo la sensación de que me pasan cosas que no son reales, y eso huele a locura. Ten a alguien cerca, digo de mí para mí. Ten a alguien cerca o abre un puto blog y di quién eres. Talvez así empieces a orientarte un poco, que es lo que te toca ahora.

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