Hay un cuerpo que se me escapa

Mi hermana sabe que no miento y eso es lo que tiene mi familia: no nos hacemos regalos pero nos decimos las cosas como son.

Dicen los expertos que es muy pronto para ver tantas señales, algo que interpreto como una señal de alerta, no sea el caso de que me esté volviendo loco, o loca… o locos. Pero la verdad es que los calcetines nunca me habían marcado tanto las piernas y los pies. Cada noche, cuando me descalzo y me quito los pantalones, me quedo mirando esa línea de asfixia, donde la sangre no fluye lo suficiente. Debe ser el eslabón más bajo de la gangrena, pienso, así que durante el día, siempre que puedo, evito los calcetines y, por la noche, me unto las piernas. Quizás debería decir que me las hidrato, pero la necesidad de echar loción y más loción es tal que ya no siento que me esté cuidando, sino que estoy enganchado.

También me dicen que es pronto para que el vello se me haga más fino pero, cuando me toco las piernas y los brazos, la sensación ya no es la misma. Quizás no me esté volviendo loco. Quizás solo esté cambiando mi forma de sentir. O quizás la locura sea eso: sentir las cosas de una manera distinta a la mayoría, que a su vez está más segura que tú de su propio delirio. La democracia era eso, ¿verdad? Gana el delirio más creíble. Y con estas perlas de sabiduría me reconcilio con la autosugestión. ¿Es como estar embarazado sin esperar nada a cambio, o es como estar embarazado solo en tu cabeza? Porque claro, las cinco pastillas que te tomas cada mañana con el segundo café te hacen cosas en la cabeza. ¿O no?

Por momentos me tienta pensar que no soy más que un ególatra entre tantos y se me olvidan los matices. Ególatra, sí; o quizás lo suficiente para soportar las miradas, las risas, los comentarios, y sobre todo para afrontar unos cambios que no son como yo me los imaginaba.

Hay un cuerpo que se me escapa.

Y eso no es porque los médicos no me hayan informado bien, ni porque no me haya leído abundante lectura, ni porque yo sea la primera persona trans que conozco. Los médicos que visité demostraron una apertura excepcional y una capacidad extraordinaria para entender este juego en que, como en todos los juegos, algo se pierde y algo se gana. Las lecturas las hago cada día, además de lo que escribo, para que quede constancia para mí mismo y para vosotros. Y yo no sé si soy una persona trans ni estoy seguro de que esa especie de categoría entre o más allá de los géneros, o extragénero, sea útil durante mucho más tiempo, a menos que sirva para redescubrirnos y actuar con otra naturalidad. Esperar a un bebé sin ansias de azul o rosa. Inspirar y transmitir antes que educar y dirigir. Ser más cosas antes que tener más entullo. Ligar de formas distintas. O dejar de ligar, simplemente, y hacernos un pasaporte a la utopía de no estar solos.

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