No me seas facha

Nunca somos libres. Y lo peor es que hay gente que pregona, proclama, promete libertad. “La verdad os hará libres”, les habría dicho Jesucristo a un grupo de judíos. Siendo él mismo judío, ¿de qué prometía liberarles? “El trabajo libera”, reza con diabólica ironía el portal de Auschwitz.
 
La libertad es el todo a cien de las ideologías.
 
Desconfío especialmente de los partidos que llevan en su nombre la Libertad o alguno de sus derivados. Desconfío del ideal republicano de la Libertad y del costoso equívoco que hace falsos sinónimos independencia y libertad. Y ya ni me refiero a lo político, que sé que se os va la mente. Se habla de independencia y, al instante, cualquier persona de cualquier pueblo que desea la libertad se sobresalta, se estimula, se excita. Es normal. ¿Quién de nosotros no ha preferido más de una vez un engaño sostenible a lo largo del tiempo antes que una realidad constantemente sujeta a pactos?
 
Así es el género. Y estoy por escribir una teoría trans de la independencia. Yo creo que lo petaría, vamos. Llamádme cínico. No digo todo lo que pienso, pero solo digo lo que pienso. Se trata de no decir cosas muy complicadas para que nadie se sienta excluído, o excluída. Pero vayamos por partes.
 
¿Qué fue la Transición? O mejor dicho, ¿qué es? – porque la cuestión es esa: ¿cuándo se empezó a transitar de la dictadura a la democracia, del nacionalcatolicismo al neoconservadurismo liberal, de Franco a Alaska? Pero yo creo que la pregunta que lo concentra todo es, sobre todo, ¿hasta cuándo, Señor? Una pregunta así, en la línea del “gracias a dios, soy ateo”, tiene la gracia y la virtud de proyectar la Transición hacia el infinito y más allá, de darle la forma dócil de un suspiro y, en definitiva, de domesticarla y delegarla en alguien que no está (yo no sé si existe o no, por eso dejémoslo en “alguien que no está”). Otra síntesis posible de nuestra desgracia nos llega directamente de la mano de un místico del siglo XIII, el maestro Eckhart: “ruego a Dios que me libre de Dios”. En esta frase podemos cambiar “Dios” por otras cosas que nos preocupan o acompañan, y os aseguro, porque lo he probado, que los resultados son siempre distintos pero todos, sin excepción (al menos los que he probado yo), me hacen pensar en la Transición: la de España y la de género.
 
Pongo ejemplos. Ruego a las mujeres que me libren de las mujeres. Ruego a la grasa que me libre de la grasa. Ruego a Aznar que me libre de Aznar. Ruego a los españoles que me libren de los españoles. Y ruego a los catalanes que me libren de los catalanes (hay que ser equitativos). Resultados siempre distintos, siempre coloristas. Las frases de los místicos dan mucho de sí.
 
Pues yo estoy igual, igual. Igual al que era antes de empezar a hormonarme, con distintos dilemas pero el mismo dale que dale al coco, con distintas quejas pero el mismo quejiquismo, con más nombres y marcas registradas y la mismísima tendencia a querer ser el Fernando Pessoa de la performance, con ochenta y un heterónimos o los que hagan falta.
 
Si quiero ser libre, si quiero poder hablar siempre en mi nombre aunque me llame (y me llamen) de distintas maneras, no puedo estar tan pendiente de si voy a utilizar las palabras correctas para hablar de procesos tan complejos que difícilmente se pueden valorar desde fuera. Por eso estoy tan contento de compartir este diario con vosotros: porque creo que solo las personas trans me pueden seguir, pero también estoy convencido, en algún lugar de mi mente, que todas las personas somos trans y que, como todo progreso de la humanidad, algunas ya se dieron cuenta y muchas otras no. Como siempre, yo no sé de qué lado estoy. De todos modos, a todas las personas que efectivamente hicieron o están haciendo una Transición de género con o sin cirugía, con o sin hormonas, con o sin cambio de nombre, con o sin performance social, a todas ellas, por todo lo que nos han descubierto, por las posibilidades de independencia y autogobierno que revelan en sus cuerpos, y por el conocimiento de que cierta libertad es posible, se merecen, digo, mucho más que un aplauso. Como diría nuestra querida Aretha: RESPECT! que en cristiano quiere decir: no me seas facha.

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