Yo quiero ser una marca

Lo repetiré hasta que quede claro: no me siento mujer, no quiero ser mujer, y no haré “cosas de mujer” (?) para ser más femenino. Como suelo decir al inicio de mis performances: mi nombre es Francesc Oui y esta acción se llama Hannah Games.

Hannah es un nombre femenino, tal como: historia, masculinidad, paradoja, insensatez; y es un nombre propio, como cualquiera de los nombres que tenemos y como los nombres de propiedad. Por eso hablamos de nombres de marca. Yo quiero ser una marca. Esa marca es Hannah Games y su objeto social es una corporación. Es hacia ahí donde voy.

No soy transexual, no estoy haciendo el tránsito hacia mujer, y solo soy transgénero en la medida en que los dos géneros estables son una falacia que no funciona más que en un mundo de fantasía binaria: yang-yin, hembra-macho, negro-blanco, homosexual-heterosexual, oriente-occidente, no-sí. Es un mundo gris que funciona a golpe de interruptor, que solo pueden disfrutar las mentes-policía. Os puedo asegurar que fuera de ese mundo todo es mucho más fascinante y colorido: ahí no nos atan las esposas de la tradición ni las cadenas del binarismo. Las cosas pueden ser y no ser. Las personas podemos ser esto y aquello, y también lo otro. El lenguaje deja de ser gramaticalmente correcto y pasa a ser poéticamente preciso. En un mundo trans, en un mundo que ha hecho, o empezado, esa transición hacia lo infinito, en ese mundo la diversidad se vive sin miedo; en ese mundo, lo que da miedo es la uniformidad.

Ya podéis echar un vistazo a vuestro entorno y empezar a temblar. Quizás mirarnos a nosotros mismos ya es motivo suficiente para preocuparnos. No nos gusta demasiado desviarnos de la norma, no fuera el caso de volvernos improductivos o saltarnos algunas leyes o rutinas, muchas de ellas autoimpuestas o autocomplacidas. Siempre hay algún policía despierto, ¿verdad? Siempre hay algún inquisidor dispuesto a ver pecados y alteraciones al orden donde no hay más que inquietud y despertar de nuevas consciencias.

No quiero ser mujer ni hombre tampoco; no pretendo representar a nadie pero, si eso le puede servir a alguien, no me importa representar una posibilidad, una hipótesis, una quimera. Para mí mismo, controlar la testosterona como el que controla el colesterol ya me ha servido para representar, para mí mismo, insisto, una forma de ser hombre menos estereotipada, menos condicionada por lo que me dijeron que tenía que ser, menos pendiente de no ser como una mujer o de no hacer “cosas de mujeres”. En definitiva: un ser más libre de ser hombre.

 

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