Tres horas

La cosa va a peor. Una de dos: o bajo la dosis o la dosis me aplastará. Hay una tercera vía: apagar fluidos. El Androcur ya borró mi esperma del mapa; quizás una benzodiazepina me borre las lágrimas. Y así un día el semen, el otro el llanto, y poco a poco se extinguirán mis mejores excrementos. Esta tarde he llorado durante tres horas en la cama, incapaz de detenerme, desganado de hablar. Cuando parecía haber llegado al fin, un sollozo me poseía y me cubría los ojos de otra marea negra. Tres horas de llanto es mucho llanto. La hiel se expande por los pulmones, cada inhalación es más tóxica, el aire se vuelve amargo y pronto la habitación se llena de un recuerdo enfermizo. Pero yo no había pasado por esto aún. No así.

¿Dónde están mis hermanos? ¿Donde están los que no saben que lo son para mí? Alguno, al sospecharlo, ha huído. ¿Quién querría ser parte de mi familia? Yo ya somos tantos.

Al ver el unicornio de peluche colgando del armario ropero me he acordado del sueño en el que un hombre malo taladraba realmente su propia cabeza, la agujereaba y se caía de una escalera de hormigón. Me desperté. De esto hace unos dos días, quizás tres. Tengo dificultad en contarlos. Sé que después de ese sueño tuve otro relacionado con el brazo del amo, el que me arranca el hombro en mis fantasías para que el dolor sea amenizado. No puedo llevarla más lejos, esa visión del amo. Él tiene un correspondiente en la vida real pero mi fantasía no es deseable ni correspondida. Solo me queda hundirme otra vez en la espiral de mi destrucción. Y sin embargo, no me gustan las historias repetidas, y yo ya intenté borrarme del todo. Ahora, no. Ahora me escribo, me muestro y me multiplico.

En su hoja de ruta, Hannah Games tiene contemplados muchos imprevistos, algo que heredó de Francesc Oui, yo mismo. No es exacto decir que los heredó porque no hubo herencia; la herencia, Francesc Oui se la dejó a los Nubôlaris. Hannah Games se apropió de todo lo anterior, lo bueno y lo malo, pero lo malo lo colocó en la senda de lo rentable. Ahora no hay que llorar; hay que hacer dinero. Francesc Oui no tenía esta capacidad ni este pensamiento práctico. Solo veía un valor en cosas que no le interesaban más que a él, o que no se traducen en dinero. Pero Hannah Games es una gran corporación que supo identificar el talento de un ya no tan joven Oui y decidió alienarlo en parte a una especie de fondo buitre para que lo convirtiera en un referente de diversión para un nicho de mercado. De un artista todo se aprovecha, hasta los sesos.

Conviene decir, para que nadie se pierda, que lo que digo es menos metafórico de lo que parece. Dicho de otra manera, es tan simbólico como queráis. Para mí, es pura producción. Y hoy ha habido un problema gordo en la línea de producción. Aún llorando, he tomado la resolución de hablar con los profesionales que me asesoran. Distintas opiniones, como se estila entre judíos. Al final, una interesante vía del medio: reducir la toma de Androcur de 100 a 50mg diarios y ver qué ocurre durante la próxima semana, ya que, con la testosterona por los suelos, el efecto del inhibidor apenas se podrá apreciar. Quizás mi amo me suelte el puto brazo. Quizás yo me tome más agua y me permita cambiar planes in extremis, todo en nombre ya no de mi supervivencia sino de la viabilidad económica de Hannah Games. La depresión, en un plan de negocio, es una pérdida de tiempo y de ventaja competitiva. Por eso, como decía un santo cualquiera, hay que estar siempre alegre. Aunque por dentro tú estés en llamas.

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