Me encuentro mejor

Me encuentro mejor. No es fácil distinguir lo que es efecto de las pastillas de lo que es efecto de la psique. Estoy descubriendo, empíricamente, un terreno pantanoso al que podría llamar la psicoquímica. Busco la palabra en Google, seguro de que ya existe. En efecto. Pero quiere decir una cosa distinta: se refiere al estudio de la actividad psíquica desde el punto de vista molecular. El escenario podría ser ese, pero mi perspectiva no es la del estudioso que busca medir esa actividad para, en última instancia, clasificar y domesticar a las psiques desviadas de la norma clínica. No; mi perspectiva es la del científico que se autodetermina como sujeto y objeto de estudio. ¿Me explico? Yo decido plantarme como objeto de estudio para comprender un fenómeno que no alcanzo entender observando solamente a los demás. Entonces me pongo en situación, me someto a las mismas recetas a las que otras personas se someten para generar un cambio de género.

Es cierto que en mi caso hay una diferencia esencial: yo no quiero cambiar de género. Soy lo que se convino llamar una persona conforme al género que me fue asignado al nacer. Pero sería una trampa decirlo así, sin más. Yo estoy conforme al género que me asignaron porque no me supone un problema, y menos aún siendo el género tradicionalmente y sistemáticamente privilegiado en una sociedad justamente llamada patriarcal. Todo esto es verdad. Pero también es verdad que, en una sociedad más libre e ilustrada que esta que conocemos, o quizás en una sociedad gobernada por formas de inteligencia artificial antes que por inteligencias humanas, ya sean individuales o grupales, si en vez de asignarme un género, o siquiera darme a elegir entre este y aquél, si en vez de eso yo me desarrollara sin percatarme de eso, entonces quizás yo y muchos de los que me estáis leyendo nos moveríamos libre y alegremente entre lo que antes (ahora) habían sido (son todavía) categorías que nos identifican socialmente con este o aquél rol, esta o aquella identidad de raza, sexo, orientación sexual.

Se acabarían esas formas de discriminación. Es poco probable que se acabara la discriminación como tal, sin más, pero seguramente aparecerían formas más sutiles y acordes a las nuevas inteligencias emergentes, más híbridas, menos capaces de retener información y de almacenar experiencias. Para eso están los discos duros, la nube, el grafeno magnetizado y todos los soportes de registro de datos que estén por descubrir o inventar. Las nuevas inteligencias están marcadas por el cuerpo porque es el cuerpo, que parecía el gran olvidado de la tecnología en una época en que ligamos por Tinder, buscamos en Google y guardamos en Dropbox, es el cuerpo, digo, el que se emociona, el que es afectado por lo colindante, ya sea presencia o representación, encripta las experiencias, y las devuelve en formas repetidas, como manda la ley de lo previsible, o inesperadamente creativas, empujadas por el inconsciente, ese gran indomable.

Por alguna razón que ahora no veo, siento que esto que os acabo de explicar tiene mucho que ver con mi recién recuperado bienestar. Un ajuste químico: una pastilla menos de Androcur. Un desencadenante identificado: el sacrificio de un pollo que acabó mal (de esto quizás hable en otro momento). Un resultado: ya no siento que me estén arrancando el brazo derecho. Por muy psíquico que fuera, os aseguro que me estaba matando. Pero ya está. Ya pasó.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s