¿Qué haré con estos pechos? (2)

“Creo que empiezo a entender… nos deseábamos desde antes de nacer…” No, no, que esto hoy no va de Shakira. Bueno, creo que no! Creo que empiezo a entender por qué los hombres (uy!, qué rara se me hace esta palabra) heterosexuales (uy!, ¿y esta?) se fijan tanto en los pechos de las mujeres. O quizás lo correcto, lo más fiel, sea decir: las tetas. Porque cuando ellos centran su mirada allí, entre la traquea y el esternón, entre brazo y brazo, en esa masa más o menos voluminosa de carne, carne susceptible de ser mirada y deseada, y mamada y manoseada, cuando ellos, cuando esos hombres-que-no-soy se los miran con la saliva al borde de tener que tragársela, la mirada acuosa (¿qué pensarán ellas, cómo se sentirán?), cuando ellos desean las tetas de ellas el mundo se detiene, otro pilar se derrumba en el edificio tonto del protocolo, la buena educación se tambalea (no mires, no toques) y el principio de castidad retrocede un poco más en sus buenas intenciones.

A ver, no es cada día que un tío (que hasta se siente tío, aunque le da un poco igual) se echa a tomar pastillas de Climen y Androcur y, tras dos meses de intensa ofensiva contra la testosterona, nota un hueso de aceituna por debajo del pezón izquierdo, y cómo una capa de grasa lo va recubriendo, y luego otro hueso de aceituna por debajo del pezón derecho, y más y más grasa de un lado y del otro… no, no es cada día que pasa esto. Y hoy (insisto: hoy) lo estoy viviendo de putamadre. ¡De putamadre! Ya se me notan. Poquito, pero como yo era liso como una tabla de plachar, no tenía pectorales de gimnasio de esos que van tan bien para hacer transformismo u otras cosas, lo poco que tengo se me nota cantidad. ¿Y sabéis qué? He superado el miedo de los primeros días. Ahora duele más, pero también mola muchísimo más.

Quiero probarme ropa. Hoy me he comprado un modelito ciertamente impropio para hombres que miran a las tetas, pero ideal para un hombre que empieza a tenerlas: un jersei que más parece un gatito de vestir, color azul tóxico, suave-suave en plan “no me mires, tócame”. Yo iba a coger uno más discreto, azul marino, pero el ambiente no está para discreciones. Quiero los tonos eléctricos, los patronajes temibles, las combinaciones osadas. Y, como decía nuestro querido Gustavo Cerati, “quiero hacer cosas imposibles”.

Ah, y quiero que me saquen fotos. Muchas fotos. Pero solo las personas que yo quiera. No vale autoinvitarse, cariños. Están ahí, como un secreto a voces, las fotos que ya me sacó el equipo de Pharma Labs, las que me sacarán Mar Llop y Mònica Pallí, y por supuesto el documental que me están preparando las chicas de TarsierPro. Quiero que llegue ese día en que las tetas se me vean bien en las fotos, porque ahora la cosa aún está tímida, pero llegará el día en que estará túmida, y yo voy a sacar provecho porque los males, esos, ya sé yo de dónde vendrán.

Pero no quiero que mi disfrute sea interrumpido ahora. Bastante tengo con no poder sacudirme bien las migajas de pan de la camisa o del jersei porque cada vez que me toco allí sin querer, uf! qué dolor. Estos días en que estoy con el subidón de progesterona, nada me para. Es como un colocón, pero de no sé qué, porque lo del femenino y del masculino cada vez se me aleja más del horizonte: tanto cuanto se me acerca, al mirar un poquito hacia abajo, la visión extraordinaria de mis propias tetas.

 

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