Pura química

Ayer cumplí tres meses de hormonación y hoy Hannah está que se sale. Ayer, no: ayer volví a los estados de mierda. La ansiedad por llegar a Barcelona, con las carreteras cortadas y alerta de atentado, no ayudó. El cásting de voces por la tarde, tampoco, porque últimamente solo me piden registros agudos. Que yo tengo un vozarrón de bajo, puedo ir de lo corporativo a lo sensual, hacer anuncios de bancos y taladros y doblar ays y uys de pelis porno, pero chillar nombres de juguetes, gritar tarifas móviles, o doblar personajes en plena adolescencia (director de sonido: más agudo, más mujer!), pues no, no, y no.

Una vez en casa, pude desahogarme y llorar otro llanto largo, entrecortado por sollozos sin porqué. Me cundió, todo hay que decirlo: escribí un nuevo capítulo de mi próxima novela y tres poemas de los que hoy sigo estando satisfecho (la prueba del día después me suele funcionar). Esta vez pensé que había que tomar cartas en el asunto. Miré en mi neceser qué pastillas tenía. No había mucha variedad pero tuve una extraña iluminación: si el Androcur me quita la libido y me deja por los suelos, agotado, y disminuye mi capacidad de concentración, qué tal tomarme dos pastillas más a ver si me quedo con la mente en blanco? Nada, una pequeña sobredosis. No hay nada como automedicarse para darse cuenta, más tarde, de que eres un poco gilipollas. Pero tuve suerte: me quedé KO. Estuve durmiendo de 6 a 8 de la tarde, me desperté zombi, preparé la cena, a las 9 hice una siesta de media hora, luego escribiendo, a medianoche volví a la cama y allí estuve, dando vueltas, hasta las 3. Esta mañana, tras el resacón inicial (gracias, Androcur), el regreso a los estrógenos y un ibuprofeno de 600mg (una de mis drogas preferidas) me devolvieron la alegría de vivir. Ah! Esto sí que mola.

El único problema es que hoy voy más salido que el pico de una plancha y no sé qué ocurrirá esta tarde en el trabajo. En lo que va de día llevo tres erecciones: máximo histórico sin testosterona. Si la tuviera a niveles normales, me estaría follando a los árboles (iba a decir otra cosa, pero como algunos sois tan susceptibles…). Al igual que en aquellos tiempos de frémito y lujuria, cuando vivía todo el tiempo en el Eixample, a 10 minutos del barrio gay, entré en uno de esos supermercados donde tienes la sensación de estar en el after del after y me percaté de no sostener en mi mano frutas o verduras que pudieran tener formas innecesariamente sugerentes. Detrás mío, en la cola para pagar, había una pareja de tíos con collar de esos que juegan a ser perros, pero por suerte nadie mordió a nadie.

Lo que sí os tengo que decir es que el diario de ayer y de hoy no le hace justicia al maravilloso vaivén emocional que estoy atravesando, pero qué le vamos a hacer? Si queréis probarlo, no os quedéis ahí, con ese género estable y aburrido que tenéis. Tampoco busquéis en el amor aquello que podéis encontrar en vosotros mismos. El amor es otra cosa. Pero os aseguro que entre mi y Hannah, lo que hay es pura QUÍMICA. Y quiero más. Mucho más.

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