El mundo necesita más dioses

Es fresco. Huele a alcohol. Viendo cuán rápido lo absorbe, la piel parece quererlo. No hay que ducharse ni vestirse durante los veinte minutos posteriores a su aplicación. El Testogel® ha sido alabado por los mesías del mundo sin género, como Paul B. Preciado, y no es para menos: su textura casi líquida y su aspecto transparente son prenuncio de sus propiedades subversivas. La testosterona en gel, de aplicación fácil y placentera, dota a las biohembras de características que la naturaleza quisiera reservar a los biohombres, y a estos promete transformarlos en bestias cubiertas de pelo, cuerpos aún más fuertes, deseantes y desabridos, máquinas de follar. No puedo, por eso, imaginarme mejor día que el shabat para empezar a lubricar mi nueva masculinidad. Porque shabat es el día en que d-os se retira de la ardua tarea de crear y abandona la humanidad al paraíso que le había preparado.

Es viernes noche, salgo de trabajar a las once, estoy en mi habitación, mañana me iré al pueblo, o ese era mi plan. Pero con el Diablo tan cerca, tan al alcance de mi corazón, o mejor será decir tan en posesión de mis instintos y de mi voluntad, tomo la decisión que ahora se me presenta ineludible: cancelo el viaje, lo llamo y me voy a su casa. Además, me invitaron a dar una charla el martes y debo elegir el escenario más propicio a la concentración. Esta vez no es el pueblo. Debo quedarme en ese lugar mágico que he conquistado, entre los dominios de Elohim y la casa del Diablo, donde las ideas fluyen y el dinero florece.

Ni hacía falta preguntarle si podía venir. El Diablo me desea tanto como yo a él. Estamos perdidamente enamorados de la razón secreta de nuestro reencuentro. Todo es fácil. Como la aplicación del Testogel. Nos miramos siempre con deseo. Las palabras se precipitan hacia proyectos de futuro sin importarnos la amenaza de caducidad que pesa sobre todo lo mundano. Porque ni él ni yo somos de este mundo. Y nuestro amor menos. Hacemos el amor hasta cuando hablamos, solo hablamos, y cuando salimos a recurrir las calles vacías del barrio gótico con la anfetamina en la sangre y el hambre tocando el cielo. Porque no es la mujer la última creación divina, eso ya lo sabemos, sino la serpiente. El conocimiento viene después de lo humano. Quizás por eso la verdad, esa verdad sin velos que anhela la sabiduría, sea lo único sobrenatural que podemos tocar.

“Cuando te veo me siento dios. Estoy con el hombre más bello del mundo.”

“Eres tú quién me ves así.”

“Sí, soy yo. No somos los más bellos. Pero el espíritu nos hace ver quién somos.”

Gastamos palabras de amor como billetes de cien. Las derrochamos sin prudencia porque el amor, a diferencia del dinero, no genera endeudamiento; solo endiosamiento. Y el mundo necesita más dioses.

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