Metiéndome aerolíneas

Me han disparado. Voy alto. No tan rápido como Siri, pero ya estoy en el túnel. Otro disparo. Más alto. (Creo en un solo dios distante e inútil, en la muerte inevitable, en la intocabilidad de la tina…) Cuanto más alta la onda, mayor el disfrute. Hay cielos que no me han alcanzado. Otros sí.

Estamos más arriba de nosotros. Dos inmigrantes nos agreden verbalmente. ¿Por qué enseñarles catalán si no tienen idea de educación sexual? Nos llaman maricones. Siri los ignora completamente mientras yo pienso que con un táser en mano el mundo sería mejor, al menos para mí. Me noto violento y quiero amar. Es tarde. No siempre las cosas funcionan como uno quiere.

Sé que el bajón me acecha así que me programo actividades placenteras para surfearlo. El surfeo de bajones es un arte de por sí. Lo planteo como un subgénero de la performance de tipo “juego social”. La ventaja de practicarlo de forma consciente no es poder transmitir cómo se hace sino más bien, pudiendo transmitirlo, decidir no hacerlo. La razón no es en absoluto la falta de espíritu didáctico ni tampoco la falta de empatía o solidaridad hacia los demás, sino justamente la idea (típicamente masónica) de que ciertos conocimientos son dañinos para quienes no atraviesan algún tipo de iniciación. A aquellos o aquellas que me tachéis de paternalista o incluso de algo peor solo puedo contestaros que es precisamente por gente como vosotros que no merece la pena compartir algo que no tendríais siquiera la amabilidad de reconocer.

Ahora bien, quienes de algún modo estéis verdaderamente iniciados en el arte de surfear bajones, es decir, que seáis capaces de hacerlo sin jactaros como si de algo honroso se tratara, sabréis leer en las entrelíneas invisibles de mi diario.

Por la noche hay fiesta al aire libre. Una amiga me avisa que vendrá Sufian. Es evidente que no me voy a follar a Sufian así que el dique de contención está naturalmente creado y no tendré que preocuparme. Dice la sabiduría popular que donde metes la olla no metas la otra, y tanto es así que la perspectiva de poder seducir a Sufian sabiendo que nada de lo que haga llevará a ese puerto me tranquiliza hasta lo más profundo de mí.

Repito estrategia. Le pregunto a Sufian y a Vilma si quieren volar en sólido. Vilma me dice que es muy generosa mi oferta pero prefiere otro tipo de aerolínea psíquica que en aquél momento no está disponible. Sufian, sin embargo, me contesta que ya está calentando motores, así que nos alzamos a toda pastilla y no tardamos en pisar unas amorosas nubes de plástico, llenas de aire fresco y marisma.

Él se desinhibe considerablemente y cada sonrisa es un destello de sal y amplitud. Yo le hice volar más que yo, como conviene, porque la felicidad del que regala no está en la superioridad de sus pertenencias ni en someter al otro, sino en despertar un sentimiento de libre gratitud. Así fue, y al regresar a casa no pude borrar la memoria de su sonrisa, intermitente y viva como una pulsación. Y tal como deseaba, el pequeño lazo que acordamos esa noche, mientras yo surfeaba un bajón en lo más alto de un cielo escondido, no se rompió el día siguiente, sino que reapareció en su timidez de semilla fértil.

Mi fantasía sexual con Sufian quedó perfectamente definida: trabajar juntos.

Me despierto excitado: hoy toca el primer pinchazo. Voy al centro de salud para que me metan la primera dosis de testosterona inyectable por vía intramuscular. A lo largo del día, esquivo varias oportunidades de tener sexo como si quisiera ahorrar mi energía vital para alguna prueba. Cuando estaba haciendo el doctorado, me quedaba tres o cuatro días sin masturbarme antes de dar una conferencia. Pero en este caso la falta de finalidad me hace extrañar las razones de mi abstinencia.

Termino en casa de unos amigos riéndome, oyendo lo que dicen, comiendo pollo frito, tomándome un caldo de apio, metiéndome aerolíneas, una rayita aquí, puntita allá, ji ji, ja ja, no estoy surfeando, lo que estoy es metiéndome debajo de una ola que a su vez está debajo de otra mucho mayor que no puedo controlar.

Sufian, perdóname. No soy dios. Soy un guía de perplejos como tú.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s