Viagra

– Sion, Sion!

Llamó por mi nombre susurrándolo, dándole mordiscos como si fuera un manjar. Y la verdad, me confesara el día antes, es que el sexo había sido de lo más normal. De no haber sido por mi nombre fuerte y raro, dijo, no me hubiera dado su número de teléfono ni me hubiera pedido el mío. Y por supuesto no me hubiera invitado a tomar un chocolate caliente y luego a cenar. Al final, dormimos juntos tres noches seguidas, algo poco habitual para ambos tratándose de un ligue.

El primer despertar supo a novedad. Antes de que sonara en mi teléfono la Hatikvá, que me recuerda cada mañana qué significa haberle tomado el nombre a la montaña de Jerusalén, ya me estaba comiendo las orejas y el culo. Lo hacía con la avidez de un amante que me hace sentir deseado, pero que a la vez me instala en un lugar donde el futuro se vuelve efímero porque me siento, lástima, demasiado deseable. Todos sabemos que cuando ya no hace falta luchar por el deseo del otro, es el otro mismo el que empieza a dejar de hacer falta a nuestro yo insaciable.

Todo empezó con una pastilla, al igual que cuando empecé a escribir los diarios de Hannah. Esta vez, no con Androcur, sino Viagra. Después del Testogel, que me aplicaba religiosamente a diario, me pasé a la testosterona inyectable, el Testex, pero cumplido un año de estas andanzas, que si F que si Hannah hasta ser Sion de pleno derecho, dejé de presentarme en el centro de salud para que me pincharan la nalga. De eso hace ya dos meses. No tenía sentido seguir: mis testículos se estaban volviendo vagos y la testo en vena no me aportaba probablemente nada más allá del ritual, vuelto rutina, de hacerme pinchar.

Pero Hannah, que pocas almas entendieron como una performance, sigue viva como tal. Hannah nunca existió como cuerpo pero sí como concepto; y ese concepto encontró en mí un cuerpo disponible.

A semejanza de mis anteriores performances, o acciones artísticas como algunos prefieren decir, Hannah se desplegó y reveló ante quienes fueron testigos de mi cuerpo modificado, ante los lectores del diario que dicha revelación motivó. Como si de una experiencia mística se tratara, el cuerpo permaneció intocable e intratable, resistente a cualquier intento de clasificación, reacio a ser contado por alguien que no fuera yo misma: porque Hannah, por voluntad de ambas, se adueñó de mí.

Cabe decir que mi encuentro con la mística fue propiciado por quienes me impidieron hacer el doctorado sobre lo obsceno en pornografía, idea que escandalizó a más de uno en aquél dos mil cuatro marcado por un logro y una encrucijada. Terminado el máster, tuve la debilidad de apostar por lo seguro y proponer una investigación sobre lo obsceno en la mística. Entre mística y porno, qué diferencia hay? El tipo de ay. Y poco más, la verdad. Aún así, la falta generada por un deseo no cumplido, el de hacer del porno algo mucho más interesante para mí que el objeto de excitaciones solitarias, o el sustituto de amantes que no busqué ni me encontraron, hizo que me entregara a la posibilidad de volverme yo mismo objeto pornográfico (porque sujeto obsceno ya lo soy).

Así nació una performance que, si llega a ver la luz, lo hará en forma de vídeo hacia finales de año, pese a que llevo meses preparándola y preparándome para los fracasos que la persiguen. Para llevarla a cabo, en su cuarto intento, me armé de Viagra solo para descubrir que el problema no era no lograr una erección o mantenerla, sino algo de otra orden que no cabe aquí desgranar. Sin embargo, cuando me fui del lugar del rodaje, sentí la urgencia de convertir esa Viagra en dispendio sexual, y así conocí al muchacho que se quedó prendado de mi nombre. La intensa actividad sexual suscitada por ese cuarto fracaso, y amparada por la pastilla que lo remató, sirvió para devolverme la soledad de un tránsito de género tan performático como incomprendido. La soledad, en sí misma, no es ningún fracaso, pero sí el signo de algo incompleto; y como todo lo incompleto, es a la performance que atribuyo el poder de completarlo.

Me ha faltado que la experiencia de transitar Hannah, o de ser atravesado por ella, fuera traducida a un conocimiento que yo pudiera compartir. Ahora creo haberlo encontrado.

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