Un encargo en Turquía (5)

Cada vez que recibo mensajes de lectoras preocupadas por mi estado anímico se me aviva el dilema: tengo yo el derecho a sincerarme en estos textos que llevan el nombre de diarios, aún atribuyéndolos a una Hannah que solo vive en ellos? Pero entonces recuerdo a otras lectoras cuya preocupación desaparecía al comprobar el carácter ficticio de los textos. Quiero aclarar que no pretendo preocupar a nadie, ni tampoco dejar de hacerlo: Hannah es el nombre ficticio de la persona real que escribe estos diarios; es la reivindicación de una parte de mi identidad que no siempre queda cubierta por el nombre real. Sin embargo, el diario es por definición confesional y, si no cumple con la verdad de los hechos, sí deja constancia de ensoñaciones y delirios en los que más de una vez me habéis dicho encontrar afinidades con vuestros propios fantasmas.

Dicho esto, os cuento cómo regatear el precio de unos aceites en el Gran Bazar según la última experiencia que tuve allí, es decir, aquella que terminó en una compra satisfactoria para mí y para el vendedor.

Esto ya indica la primera regla: no comprar en el primer sitio que encuentras. Solo después de comparar precios puedes hacerte una idea de hasta cuánto te lo pueden rebajar.

La segunda regla es informarte de las experiencias de otros compradores para saber si en el lugar dónde estás hay efectivamente una cultura de regateo, y de qué porcentaje de regateo estamos hablando. En este caso encontré testimonios en internet, en páginas de viajeros, que comprobé junto a autóctonos una vez llegado a la ciudad: efectivamente, no solo el regateo está culturalmente aceptado y es habitual sino que es algo esperable, por lo que los precios están ocultos y muy incrementados. Así pues, en el Gran Bazar de Istanbul se suele conseguir entre un 30 y un 40% de rebaja.

Entonces, cómo decidir con quién voy a regatear? En mi caso, con el vendedor que tiene mejor género dentro de unos precios razonables.

La tercera regla es saber qué vas a comprar y estar informado acerca del producto.

La cuarta es no revelarlo al vendedor hasta el momento oportuno. En mi caso, yo quería un aceite de Oudh cuyo litro, si es de categoría A, en la que los árboles son naturalmente afectados por un hongo que activa la producción de la deseada resina, puede superar los treinta mil euros. En el caso de árboles cuya contaminación es inducida, el precio de venta al público ronda actualmente los quince mil euros el litro, o sea que encontrar el mililitro a quince euros puede ser un buen punto de partida para decidir que es allí donde voy a regatear, pero nunca empezando por el Oudh. Voy oliendo otros aceites hasta pedir, como por casualidad, el Oudh.

La quinta regla es ganarse la simpatía del vendedor, preguntándole su nombre y halagando el local o la variedad o calidad del género, y revelando enseguida que también eres profesional, con lo que te interesa tener margen para ganar lo tuyo. Si lo haces con habilidad y empatía, habrás creado un vínculo emocional temporal. Yo le dije: “Tienes buenos aceites. El opio, para mi gusto, es dulzón. La rosa un poco seca, quizás por el prensado, pero es correcta. El Oudh está bien, resérvamelo. Y la selección de almizcles es interesante; quizás me llevaré alguno aunque no tenía pensado hacerlo.” Él se anima, coloca un par de sillas a los lados de la banqueta de selección y le dice a un encargado que me traiga café para limpiar el olfato; y me devuelve la técnica, halagándome: “No te haré precio de amigo; te haré precio de hermano!”

La sexta regla es hacerle creer que compraré más de lo que finalmente me llevaré, por ejemplo preguntando si puedo pagar con tarjeta, para así negociar un descuento por volumen al que luego quitaré cantidad intentando no perder el descuento. Él intenta engatusarme unos cuantos más, pero yo voy apartando los que no me interesan, y los voy excluyendo poco a poco a medida que me muestra los precios. Empezamos a jugar a las dosis, que si me llevo 3, 5, 10, 12 mililitros… todo esto con el cambio de liras a euros de por medio. Que yo sepa, todos los móviles traen calculadora pero por si acaso… llévate una y utilízala sin reparo.

La séptima y última regla es introducir un elemento enigmático. En mi caso, le dije que utilizo los aceites para hacer productos que empleo en mi actividad como terapeuta. Él me preguntó si hago aromaterapia y le contesté, porque así es, que no: soy psicoanalista “como Freud, el neurólogo de Viena”, pero me sirvo de la activación regulada de las mitocondrias donde el médico austríaco empleaba, al principio, la hipnosis. Como le veo no tanto interesado sino más bien fascinado, bajo repentinamente a la elección de los aceites despistándolo con el cambio de dos aceites que tenía reservados por otro que no: un sándalo cuya calidad no me había pasado desapercibida.

Me ofreció una rebaja del 55% por la compra conjunta del Oudh y el sándalo, esperando convencerme a comprar el aceite de rosa damascena, al que le contesté con mi mejor sonrisa: “ya hemos hecho un buen negocio, no vayamos a estropearlo”. Le pagué una parte en metálico y otra con la tarjeta; el pago con tarjeta sirve como garantía y registro, mientras la parte en metálico tiene el valor comercial de no estar explícitamente declarada, algo muy común en un mercadillo, y el valor afectivo de visualizar su propia moneda.

No me preguntéis por mi estado anímico al salir del Gran Bazar: superé con creces las expectativas que llevaba pero también es cierto que me lo tomé como una práctica terapéutica, ya que no suelo cuestionar de forma explícita el valor que me piden. Tampoco crecí en una cultura de regateo. Pero si os he explicado paso a paso cómo lo hice es porque haberlo hecho me ha conectado con un gusto comercial que he tenido que desarrollar solo; y porque la idea misma de venta tiene tan mala prensa que quizás es hora de desplazarla hacia algo más lúdico y más cerca del valor que tiene el lenguaje para llegar dos personas a un acuerdo, sea el que sea.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s